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Aspidistra, la planta inmortal típica de las abuelas y la mejor inversión para decorar el rellano | Estilo de vida

En la madrileña calle de Fuencarral, cerca de la rotonda de Bilbao, en la penumbra casi perpetua de un portal sobre la acera irregular, viven dos aspidistras que llevan más tiempo en el edificio que la vecina mayor. El cuidador que lo cuida se llama Manolo Cabezuelo. “No requieren ninguna atención específica”, dice. “Tierra normal, agua cuando el sustrato esté seco y de vez en cuando algo de compost para plantas de hoja verde. Y limpiar las hojas, eso sí, para quitar partículas de contaminación y polvo”, añade. “La dueña del edificio conoce a estas aspidistras de toda la vida. Los cuida mucho, porque están bien cuidados”, explica también sobre los ejemplares que decoran el portal alojado en dos tapas de jarrones de piedra con motivos tallados en la propia planta.

EL Aspidistra elatior, Comúnmente llamada pilistra u orejas de burro, es una planta originaria de China y Japón, donde crece espontáneamente en las umbrías de selvas y bosques. De crecimiento lento, se propaga por medio de rizomas que hacen brotar del suelo grandes hojas lanceoladas de color verde oscuro. También los hay jaspeados (con rayas de color blanco y crema) y moteados (llamados vía Láctea o Vía Láctea).

Las dos aspidistras que atiende Manolo Cabezuelo en un portal de la calle Fuencarral, en Madrid.
Las dos aspidistras que atiende Manolo Cabezuelo en un portal de la calle Fuencarral, en Madrid.Carlos López

Aspidistra es el Matusalén de las plantas de interior. Longevo y súper resistente: en inglés se le llama coloquialmente planta de hierro fundido (planta de fundición)—, no es exigente en cuanto a temperatura, riego, luz o humedad ambiental. Se podría argumentar que es una de las plantas más resistentes, habiendo sobrevivido prácticamente a todos los tipos de latitudes y una elección perfecta para aquellos que son nuevos en el cuidado de plantas de interior o en los hogares de personas que están fuera por períodos prolongados. Los patios, porches, huecos de escalera, portales, rellanos, vestíbulos, claustros de edificios y, en general, cualquier lugar alejado de la luz solar directa y de la calefacción son los lugares más adecuados. Los rayos del sol queman las hojas, llenándolas de manchas marrones y deteriorando las puntas y el contorno. De ahí otro de sus apodos populares – hojas de habitación o sala de estar, debido a la afición de esta planta por los espacios interiores y su despreocupada tolerancia a la oscuridad.

Varias aspidistras en el exterior y encubiertas en la entrada de un portal norte de un edificio de viviendas en el distrito de Arapiles de Madrid.
Varias aspidistras en el exterior y encubiertas en la entrada de un portal norte de un edificio de viviendas en el distrito de Arapiles de Madrid.Carlos López

Nuestras abuelas tienen una maestría y no lo sabían. María Victoria Blanco nació en Trujillo (Cáceres) y vive en el barrio madrileño de Arapiles desde hace más de 60 años. En el portal de su edificio, un lecho de aspidistra se regocija desde hace décadas cuando los vecinos van y vienen. “Pilistra es una planta muy dura, incluso más que pothos, lo que significa”, dice. “En mi pueblo, en muchas casas los tenían en el pasillo, uno a cada lado de la puerta. Casi no había necesidad de tratar con ellos, no les importaba el invierno o el verano. A veces pasaba un tiempo sin regarlas, y ni siquiera necesitaban mucha luz. Recuerdo que limpiamos las hojas con un algodón mojado en aceite y quedaron brillantes y hermosas”, dice Blanco. Para multiplicarla, basta con dividir el terrón -una masa de tierra que se deja adherida a las raíces de las plantas para trasplantarlas- cuando van apareciendo nuevos brotes.

La limpieza y el brillo de sus hojas de tacto correoso es un elemento clave en la salud y belleza de la aspidistra. “Los limpio con cerveza. Compro una etiqueta privada, la pongo en un gripe-gripe y cada 15 días rocío las hojas y luego las lustro con un paño suave de algodón”, cuenta Juani, conserje de un edificio de viviendas en el barrio de Chamberí. La cebada que contiene la cerveza es una fuente de minerales como el magnesio, indispensable para que las plantas produzcan la clorofila que da a las hojas su color verde. También contiene potasio y fósforo, que fortalecen las estructuras vitales de la planta y la mantienen vigorosa.

Retrato de una familia de la época victoriana de Hellidon, Northamptonshire (Reino Unido), posando fuera de su casa.
Retrato de una familia de la época victoriana de Hellidon, Northamptonshire (Reino Unido), posando fuera de su casa.Herencia inglesa (Getty)

Dejando a un lado la facilidad de cuidado, otra razón por la que la pilistra es tan popular es la hermosa textura, el dinamismo y el empaque de su llamativo follaje. Muy al gusto de la era victoriana, causó sensación en el Reino Unido durante el siglo XIX como adorno para las casas adineradas. Hoy, esta frondosa planta de decadente belleza selvática es la elección perfecta para los enamorados esterlitzia o ave del paraíso —esa tropical que tan de moda está en la decoración botánica de interiores—, pero que no tiene la luz suficiente en tu salón para su cultivo.

Es curioso observar cómo la longevidad de esta planta genera relaciones casi familiares a su alrededor. Instagram sirve de ejemplo (#aspidistra) para conocer a personas que posan con sus pilares, se toman selfies con ellos, los abrazan y se fotografían, tratándolos con tanto mimo que casi se podría decir que la planta tiene una entidad animada. Como la de ese ser de compañía que ha estado presente durante años en las buenas y en las malas. Y es que, aunque su crecimiento es lento, con una producción media de cinco o seis hojas nuevas al año, una aspidistra bien aclimatada puede vivir fácilmente más de un siglo. Abuelas, madres, nietos… y siempre la misma pilastra. Un pariente no extravagante que sobrevive de generación en generación. Como esa joya que se hereda trayendo recuerdos sentimentales y memoria compartida.

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